EL CONSUMIDOR Y LA MEDIOCRIDAD; BINOMIO MORTAL

Llevo años asegurando públicamente, sin generar ninguna reacción visible a prácticamente ningún nivel (empezando por la Universidad), que “estamos inmersos en el pantano de los mediocres”.

Pues bien, el gran y por mí también profundamente admirado don ANTONIO FRAGUAS DE PABLOS “FORGES” (q.e.p.d.), daba valor a mis afirmaciones cuando, refiriéndose a España, escribió acerca del “triunfo de los mediocres”.

Escribía don Antonio; “ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan; alguien cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es que la hay. Tan solo porque son de los nuestros…mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura”.

Y siendo así, resulta que esta mediocridad, profundamente unida a la ignorancia (hablando en términos generales y respetando las excepciones que sin duda hay), se pone cada vez más de manifiesto cuando las mismas las aplica la población española en su faceta de “consumidora de alimentos”.

Tuve la oportunidad y la enorme fortuna de coincidir y compartir unas horas en Lisboa con una destacada médico endocrinóloga, que labora como Jefa de Servicio en uno de los grandes hospitales públicos de Madrid, y con una con una farmacéutica - analista de reconocido prestigio, que desarrolla su quehacer profesional en un laboratorio de análisis de una reputada empresa multinacional en el ámbito pecuario.

Hablando con ellas de la alimentación humana, de las barbaridades técnicas que acompañan, en muchos casos, a las “dietas milagro para adelgazar”, de los enormes errores que se cometen y cometemos a lo hora de ingerir alimentos, especialmente los de origen animal (errores no pocas veces directamente atribuibles a unos más o menos afamados “asesores dietéticos” cuya mediocridad encaja perfectamente en las afirmaciones de don Antonio), llegábamos a la terrible conclusión de que la ignorancia es, en no pocos casos, la causante, vía la mencionada alimentación inadecuada, de importantes problemas de naturaleza fisiológica que afectan, a veces de forma irreversible, a muchos de nuestros órganos (empezando por los riñones y el hígado).

Esta mediocridad, esta ignorancia, este mortal binomio “consumidor – mediocridad”, fatal también para el ganadero, para el agricultor y en realidad para toda la cadena alimentaria, es en el que se basan, con una gran habilidad comunicadora (fundamentada en el amarillismo, el sensacionalismo, el alarmismo, el sesgo y las “medias verdades”) y en una cuantía importante de dinero, ciertos “colectivos animalistas” (en prácticamente todas sus vertientes) y algunas agrupaciones de veganos, por ejemplo, para  llevar a término campañas y comunicaciones en los medios con el objetivo no disimulado de  desacreditar al sector productor (especialmente al pecuario) y a la propia proteína de origen animal.

Ante esta compleja situación, generada por el mencionado “binomio mortal”, no nos queda otro camino que reaccionar con la máxima urgencia, utilizando, como mínimo, los mismos canales de comunicación, debiéndose implicar, sin vacilaciones, tanto las distintas administraciones como todos y cada uno de los eslabones de la cadena.

Estamos inmersos en una verdadera “guerra mediática”, con unas consecuencias de largo alcance y con muchos intereses económicos e ideológicos de por medio.

Por ello se debe actuar con contundencia, como ya se está haciendo en algunos contados casos, con el fin primero de FORMAR, a un nivel mínimo imprescindible, al “colectivo consumidor”; un consumidor que, por ejemplo, compra la mal referenciada “leche de soja” estando convencido de que compra una maravillosa leche vegetal, que supera ampliamente en bondades a la leche de nuestras vacas ¡sencillamente demencial!

Y, por favor, no olvidemos que cuando no existe la mencionada formación, la información técnica, objetiva, veraz, real… apenas si surte efecto en la inmensa mayoría de los consumidores (ni en muchos de los “consejeros gurús” ni en ciertas empresas, comercializadoras de “pastillas adelgazantes milagrosas”, por ejemplo, que, buscando ganar dinero fácil, tanto proliferan y tanto daño hacen).

O desmontamos, entre todos, este “binomio mortal” o, en el ámbito de la alimentación humana, por lo menos en el I Mundo, la proteína de origen animal lamentablemente tiene un futuro poco halagüeño ¡créanme!

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.

Profesor Emérito.

Universidad Politécnica de Madrid.

 


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